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Gritar y decir malas palabras a su hijo adolescente cuando se porta mal puede resultar contraproducente

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Gritar y decir malas palabras a su hijo adolescente cuando se porta mal puede resultar contraproducente

Un estudio descubrió que el abuso verbal fomentaba más la desobediencia y el conflicto

MIÉRCOLES, 4 de septiembre (HealthDay News) -- Los padres que castigan a sus hijos con unos cuantos gritos, malas palabras e insultos podrían estar causando mucho más daño que bien en última instancia, según revela un estudio reciente.

Un análisis que contó con casi 1,000 familias con dos padres y sus hijos adolescentes sugiere que tales maltratos orales no solo no acaban con la mala conducta, sino que en realidad la fomentan.

El resultado final: un repunte de la rabia, la terquedad y la irritación de los adolescentes que intensifican (más que disminuir) la desobediencia y el conflicto.

"La mayoría de los padres que gritan a sus hijos adolescentes nunca les castigarían físicamente", comentó el autor del estudio, Ming-Te Wang, profesor asistente del departamento de psicología de la Facultad de Educación de la Universidad de Pittsburgh. "Sin embargo, el uso que hacen de la disciplina verbal severa (definida como gritos, malas palabras o mediante el uso de insultos) es exactamente tan perjudicial para el bienestar a largo plazo de los adolescentes".

"Nuestros hallazgos ofrecen una idea de por qué algunos padres sienten que no importa lo alto que griten, ya que sus hijos adolescentes no les escuchan", añadió Wang. "De hecho, la disciplina verbal severa parece ser ineficaz a la hora de afrontar los problemas de conducta de los jóvenes; en realidad, parece que fomenta tales conductas".

Wang y la coautora, Sarah Kenny, de la Universidad de Michigan, informan de sus hallazgos en la edición actual de la revista Child Development.

Para explicar la dimensión del problema, los autores señalan una encuesta reciente que indicaba que aproximadamente 9 de cada 10 padres estadounidenses reconocen que han puesto en práctica algún tipo de disciplina verbal severa en algún momento con su hijo, adolescente o no.

Más de la mitad afirmó que su hijo adolescente era objeto de las formas más violentas de maltrato verbal (como las malas palabras y los insultos).

Para llegar más al fondo de la cuestión, los dos investigadores se centraron en 976 familias principalmente de clase media en Pensilvania con hijos adolescentes, las cuales ya estaban participando en un estudio a largo plazo que exploraba la interacción familiar y el desarrollo adolescente. Un poco más de la mitad de las familias eran blancas y el 40 por ciento eran negras.

Se entregó una encuesta de forma repetida a los padres y sus hijos jóvenes adolescentes cada dos años para tener conocimiento de una serie de cuestiones sobre la salud mental y las relaciones.

En concreto, se preguntó a todos los niños de 13 a 14 años de edad que revelaran la frecuencia y la naturaleza de cualquier problema conductual reciente, incluyendo la desobediencia en la escuela, robos, peleas, provocar daños en la propiedad por diversión o contar mentiras a los padres.

Se preguntó a los padres, por su parte, que contaran con qué frecuencia habían usado la disciplina verbal severa, algo así como haber chillado, gritado, dado algún alarido, haber dicho malas palabras o maldecido a sus hijos adolescentes. Los insultos (como llamar al hijo "tonto" o "vago") también se tomaron en cuenta.

Al mismo tiempo, se preguntó a los adolescentes que describieran hasta qué punto sentían "calidez" en su relación con sus padres, como función de la cantidad del amor, respaldo emocional, afecto y cuidado de los padres que sentían hacia ellos". Además, se mantuvo un registro de la depresión tanto de los adolescentes como de los padres.

Los adolescentes que experimentaban el tipo de dolor emocional e incomodidad producido por un ataque verbal parental mostraron un aumento del enojo junto con una caída de la inhibición, lo que resultaba en un incremento de las mismas cosas (las mentiras, los engaños, los robos o las peleas) que la mayoría de los padres se proponían detener.

"Es importante que también halláramos que la 'calidez parental' no redujo los efectos de la disciplina verbal", indicó Wang. "El sentimiento de que los padres gritan a su hijo 'por amor' o 'por su bien' no mitiga el daño infringido. Ni tampoco la fuerza del vínculo que haya entre los padres y el hijo. Incluso en el caso de que sea comprensivo con su hijo, si pierde los estribos, sigue siendo algo malo", señaló.

"Los padres que desean modificar la conducta de sus hijos adolescentes harían mejor si se comunicaran con ellos en el mismo nivel", añadió, "y les explicaran sus razones y sus preocupaciones con respecto a ellos. Los programas para la crianza están en una buena posición para ofrecer a los padres ideas de cómo las conductas a las que puedan sentir que necesitan recurrir, como los chillidos o los gritos, son ineficaces y/o dañinas, y para ofrecer alternativas a tales conductas".

Rahil Briggs, directora de servicios pediátricos de salud conductual del Centro Médico Montefiore y profesora asistente de pediatría en el Colegio de Medicina Albert Einstein de la ciudad de Nueva York, se mostró muy poco sorprendida por los hallazgos.

"Pero es importante señalar que no estamos hablando solo de gritar por la frustración, lo que todo el mundo ha hecho", reconoció. "Levantar la voz a su hijo es algo completamente distinto. Esas cosas pasan. Pero otra cosa totalmente distinta es decir a su hijo adolescente: 'Eres tonto' o un vago, o decir vulgaridades", explicó Briggs.

Añadió que "la cuestión es que nuestros padres se supone que están de nuestra parte, que son de nuestro equipo. Pero aquí estamos hablando de la intimidación y la humillación verbales, que es, de muchas maneras, la peor forma de dañar a los niños que están intentando abrirse paso en la vida. Así que este hallazgo no resulta sorprendente en absoluto".

Más información

Para más información sobre los niños y la disciplina, visite los Institutos Nacionales de Salud de EE. UU. ( http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2719514/ )

Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com (http://holadoctor.com )

© Derechos de autor 2011, HealthDay

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FUENTES: Ming-Te Wang, Ph.D., assistant professor, department of psychology, University of Pittsburgh School of Education; Rahil Briggs, Psy.D., director, pediatric behavioral health services, Montefiore Medical Center, and assistant professor, pediatrics, Albert Einstein College of Medicine, New York City; Sept. 4, 2013, Child Development